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No conozco tu nombre
apenas si imagino la música de tu risa,
y sin que te asombre
bebo del agua dulce de tu brisa...
Eres huella en mi
mente,
eres la rosa pura del pecado
y en hierro alucinado mutuamente
nos entendemos, como un bien soñado.
¿Quién eres?
Tu belleza me hiere y una honda
melancolía debo pagar
para que algo de ti me responda.
Estoy
enamorado de la orilla,
del sol y de la arena,
que en tu rostro con su tiza amarilla,
escribió una palabra parecida a la pena.
Para
mi no hay mañana,
ni otro olvido distinto a este poema,
quizás seas una alegre ventana,
en que solo tu sombra, es la fuente suprema.
Dedicado exclusivamente a vos!
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