Dos hombres habían compartido
años de prisión injustamente.
Durante ese tiempo recibieron todo tipo
de maltratos y humillaciones.
Una vez libres, volvieron a verse años después.
Uno de ellos preguntó al otro:

- ¿Alguna vez recuerdas aquellos momentos en que
los carceleros se desquitaban con nosotros?
- No, gracias a Dios no me
quiero ni acordar, contestó. ¿Y vos?
- Esos momentos vuelven a mi memoria continuamente
y cada vez siento que los odio mas, respondió el
otro.
Su amigo lo miró unos instantes, y dijo:
- Lo siento por vos. Si eso es así, significa que
aún te tienen preso.

¿Y
a vos, cuánto te duran los enojos?
¿Sos de esas personas que les sucede algo malo a la
mañana y se les
estropeó todo el día, toda la semana o todo el mes?
¿Te enojas fácilmente?
¿Tus enojos son desmesurados para el hecho
ocurrido?
¿Te has detenido alguna vez a observar tu manera
especial de enojarte y "desenojarte"?
“El enojo no es un fin en si mismo,sino una ilusión
equivocada de como resolver el problema”.
Consideramos que el enojo es la emoción que surge
frente a la interrupción de lo esperado.
El tema es que muchas veces en lugar de verlo
simplemente como un
cambio de posibilidades lo interpretamos
dramáticamente
como una catástrofe.

Y aquí me gustaría hacer una diferencia entre una
simple descarga que muestre nuestra frustración con
lo ocurrido y que se haga cargo de comunicar al otro
lo que nos está pasando, a hacer un escándalo a
partir del cual, muchas veces herimos sentimientos
del otro o
literalmente comenzamos un ataque.
“Mucho más penosas son las
consecuencias del enojo,
que las
causas que lo producen”


El enojo funciona como una gota de veneno que tomas
esperando que le haga efecto al
otro
y el único que termina envenado
sos vos.