
¿Se lamentan los bebés por el pasado?
No, los bebés no piensan de esa manera.
Ellos nunca se arrepienten del pasado.
O imagínense un bebé pensando en el futuro:
"Me pregunto con quién me casaré cuando crezca.
Me pregunto a qué universidad asistiré.
Me pregunto si seré un médico o un campesino.
¿Cómo pagaré una buena educación para ellos?".
¿Acaso los bebés se preocupan por el futuro?
No, y tampoco se lamentan por el pasado.
Viven totalmente el momento. Si están tristes lloran;
si están contentos, se rien; si están furiosos, gritan
y al momento siguiente están contentos otra vez.

Imagínense otra vez al bebé acostado en su cuna pensando
para sí mismo:
"He estado tomando demasiada leche y mira cómo estoy engordando,
voy a tener que ir al gimnasio.
Mami, ¿me puedes llevar al gimnasio para poder hacer abdominales
y así poder quitarme mi barriguita?
¿O quizás sería más rápido hacerme una liposucción, mami,
qué cirujano plástico me recomiendas?"
¿acaso los bebés juzgan sus cuerpos?
No, el bebé piensa que es perfecto como es.
No juzga su cuerpo en ningún momento.
Imagínense otra vez al bebé pensando para sí mismo:
"¡Uy!. Este pañal se me ve tan feo que se me escurre hasta las rodillas...
Mami, yo no puedo salir viéndome así, ¿qué pensará todo el mundo?
Me gustaría ponerme mi vestido azul nuevo hoy,
ya me puse ese blanco dos días seguidos
y alguien puede darse cuenta,
¿qué dirán?"
¿Acaso a los bebés les importa cómo se ven?
No, a los bebés no les importa qué clase de ropa les ponen
y solamente se quejan cuando están incómodos.
Un bebé sabe que es perfecto exactamente como es.
Vive en total inocencia y allí es donde yace la libertad total.
... De adulto he pasado mucho tiempo lamentandome por el pasado:
"Ojalá no hubiera dicho eso esta mañana;
ojalá hubiera escogido una carrera diferente;
ojalá no hubiera comido eso; ojalá no me hubiera casado con ella".
Pasé mucho tiempo pensando esto mismo una y otra vez.
Todos los días tenía alguno de estos pensamientos,
todas las semanas, todos los años.
"¿Por qué me casé con ella? Es una imbécil".
Tuve este pensamiento durante todos los días de nuestro matrimonio
que fueron dieciocho años. Es más, ocho años después de haberme divorciado,
todavía pensaba la misma cosa
y ella ya no estaba en mi vida.
Al dejar que el pasado nos guíe, nos volvemos esclavos
de nuestras percepciones anteriores, a
sí como de nuestros juicios y
creencias.
¿Cuántas cosas lamentas y juzgas de tu pasado?
¿Toda esa lamentación acaso cambia algo?
¿podes cambiar el pasado al lamentarte o al tratar de hacer
que alguien se sienta culpable, incluyendote a vos misma?
¿No es momento de parar ya?
¡Lamentarse y sentirse culpable es una pérdida de tiempo tan grande!
Sakti Ishaya y Blusham Ishaya
del libro:
"Oye Dios! es hora de despertar"
Vivir en el pasado y repetir esa
historia una y otra vez
es estar preso en una gran celda
que construimos nosotros mismos,
y en esa celda a veces fría,
otras enorme, otras vacía nos vaciamos,
nos sentimos perdidos y por
sobre todo nuestro espíritu
se congela y nos paralizamos.
Muchas veces dejamos de apreciar los valores de la vida,
los que están en el presente y
dejamos que se escurran de nuestras manos los momentos más hermosos o
maravillosos ya que no nos damos cuenta que están sucediendo hoy
porque
estamos viviendo en el ayer.

Somos grandes generadores de culpas y nos autocastigamos con ellas
una y otra vez... Si hubiera dicho... Si hubiera hecho... Si hubiera...
y ya pasó de qué sirve hoy lamentarse.
Tal vez estamos viviendo y castigandonos por los errores cometidos
y ya nada puede hacerse, ya es tarde...
Salimos del pozo y como si no pudieramos vivir de otra forma
volvemos cada tanto a visitarlo, y allí nos ensuciamos nuevamente,
nos embarramos y entonces ¿de qué sirvió alejarnos y limpiarnos?
De nada... para nada.
Debemos enfrentar la vida mirando hacia adelante,
el pasado... ya pasó, poco o nada puede hacerse pero sí podemos
trabajar con nosotros mismos para que no nos tentemos
y cometamos los mismos errores en el presente.
Sería maravilloso que todos podamos despertar a ese niño interior
que llevamos dentro. El niño de la alegría, de la carcajada espontánea,
de la caricia sentida... Ese niño que no está muerto,
sólo está dormido y que necesita que nosotros hagamos algo
para que su sueño no sea un sueño eterno.

Volvamos a ese momento tan hermoso de nuestra infancia,
despertemos a nuestro niño interior, vivamos como él nos enseñó,
disfrutemos de la vida y no pensemos en el pasado una y otra vez...
Ese niño no lo hace, sólo siente, ama y sueña sin mirar atras,
sin pensar si disgustará a alguien con su manera de vivir,
sin reparar si daña o acaricia, sólo vive y se entrega a la vida
porque para él la vida es hoy: este presente.