"Mal
paso has dado, amor mío", dijo la joven.
"Esa
es la mujer que no soy" siguió
diciendo,
"esos eran hasta hoy mis caminos no
elegidos...
has
de saber que yo soy el amor perfecto, es
decir,
que
soy como tu me haces, y nacida en ti la
duda,
ya
nunca me harás igual... por tu culpa
empezaré
a
parecerme a la mujer de esos
escritos..."
El
hombre trato de defenderse pero solo
lograba emitir nuevos reproches,
y
ese día se separaron para siempre.
El hombre vivió hasta el fin de sus días
sin decidirse
entre el arrepentimiento o la ira, y
ella se convirtió en la mujer de los
deseos diabólicos y se enamoro de un
hombre grosero y vulgar.
REFLEXION

Es sabio el que abre las puertas que le
están destinadas, pero más sabio es el
que respeta
las
que no le son propias.
Y
creo que en la vida de todos nosotros es
necesario
que
alguna puerta quede cerrada.
Lo que no tiene misterio alguno, lo que
no tiene territorio alguno que sea
sagrado ni que sea prohibido, termina
por ser vulgar,
y
finalmente hay territorios que son
sagrados justamente para que la persona
delicada no pueda acceder a la
vulgaridad de esos territorios.

Es necesario que todos nosotros
cerremos,
siquiera una parte de nuestras puertas,
y
que respetemos aquellas puertas que se
nos cierran sabiamente a nosotros...
Y más si lo que esta en juego es el
amor,
porque el amor es mejor que la verdad,
y es
mejor que la justicia... y es mejor que
la vida.
Este cuento es el que te quiero
regalar en este día, dedicado a vos, y a
todos aquellos que pudiendo abrir: No
abren;
a los que pudiendo sancionar:
Perdonan;
a los que pudiendo reprochar: se
callan;
a los que estando libre de
pecado:
no tiran la primera piedra...
Quizás a esa rara clase de
soñadores
dedico también este cuento.