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Muchas veces escuchamos
decir: "La verdad no duele",
y en contrapunto
"Aunque duela, es verdad"
En realidad, ambas
expresiones son ciertas,
pues todo depende de la
forma en que se dice.
La Torá nos indica que
siempre debemos decir la verdad,
y por otro lado, no
podemos herir al prójimo.
Tenemos, entonces, que
encontrar las palabras justas
para lograr nuestro
cometido, sin lastimar.
He aquí un
ejemplo:
Una sabia y conocida
anécdota dice que en una ocasión,
un Sultán soñó que había
perdido todos los dientes.
Después de despertar,
mandó llamar a un Adivino
para que interpretase su
sueño.
¡Qué desgracia
Mi Señor! -exclamó el Adivino-
Cada diente
caído representa la pérdida
de un pariente
de Vuestra Majestad.
¡Qué insolencia!
-gritó el Sultán enfurecido-
¿Cómo te atreves
a decirme semejante cosa?
¡¡Fuera de
aquí!!!
Llamó a su guardia y
ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le
trajesen a otro Adivino
y le contó lo que había
soñado.
Éste, después de
escuchar al Sultán con atención, le dijo:
¡Excelso Señor!
Gran felicidad os ha sido reservada.
El sueño
significa que sobreviviréis a todos vuestros
parientes.
El semblante del Sultán
se iluminó y con una gran sonrisa
ordenó que le dieran
cien monedas de oro al segundo Adivino.
Cuando éste salía del
palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
¡No es posible!,
La interpretación que habéis hecho de los sueños
es la misma que
el primer Adivino. No entiendo por qué al primero
le pagó con cien
latigazos y a ti con cien monedas de oro.
Recuerda bien
amigo mío -respondió el segundo Adivino-
que todo depende
de la forma en que decimos las cosas....
uno de los grandes
desafíos de la humanidad
es aprender el arte de
comunicarse.
De
la comunicación depende, muchas veces,
la
felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
No
cabe duda de que la verdad debe ser dicha en
cualquier situación,
mas la forma en que es comunicada es lo que provoca
en
algunos casos, grandes problemas.
La
verdad puede compararse con una piedra preciosa.
Si
la lanzamos contra el rostro de alguien, puede
herir,
pero si la envolvemos en un delicado embalaje
y
la ofrecemos con ternura,
ciertamente será aceptada con agrado.
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